La Flaca no cobra en pesos
En la pandemia me dio COVID y estuve en terapia intensiva. Ahí entendí que, si me iba, dejaba deudas y un negocio que dependía completamente de mí. Este año lo conté como mejor se cuentan estas cosas en México: con una calaverita. Salió en la edición impresa de El Diario de Chihuahua.
En cuidados intensivos, la Flaca vino a cobrar; Luis, con oxígeno puesto, ¡se dispuso a negociar!
“Si me lleva, dejo deudas y la empresa sin timón; todo depende de mí, ¡hasta escoger el jabón!”
“Mi familia no merece heredar tanto pendiente; si el negocio soy yo mismo, ¡qué patrón tan imprudente!”
“Dígame cuánto le debo, le pagaré con dinero”. La Flaca soltó una risa: “¡Ni que yo fuera banquero!”
“Tus billetes no me sirven, yo no acepto pagarés; te presto algunas mañanas, ¡disfrútalas de una vez!”
Salió Luis del hospital, miró su vida enredada; sabía hacer el trabajo, pero de ser dueño, nada.
Con sus pares en FACETA aprendió que hay que soltar, y que la vacuna, en grupo, es más fácil de encontrar.
Este año volvió la Flaca con la cuenta por cobrar; vio dos hijas en la mesa: ¡se puso a recalcular!
Cuando el COVID lo tumbó, esas niñas no existían; la Flaca, muerta de risa: “¡Ni a mí me cuadra esta cifra!”
¿Qué te diría a ti la Flaca? Escríbeme a hola@luisgutierrez.mx.